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18oct
Robot que analiza el umbral de dolor en el ser humano
Muy pocas veces en la historia de la ingeniería, se ha diseñado un robot específicamente para causar dolor a una persona, pero tranquilos, no se trata de ningún Terminator. El objetivo de este proyecto se ha realizado con fines científicos, eso sí, violando flagrantemente la primera ley de la robótica de Asimov. Los investigadores que están detrás de este estudio, comentan que los datos obtenidos precisamente ayudarán a definir mejor esa primera regla. Después de todo, ¿como se espera que un robot pueda cumplir la primera ley de Asimov (un robot no debe dañar a un ser humano), si previamente no conoce el límite de fuerza que puede ejercer sin lastimar?.
Mediante el uso de un poderoso robot industrial fabricado en Japón, los ingenieros de la Universidad de Liubliana en Eslovenia, están llevando a cabo un estudio minucioso sobre el dolor analizando los propios brazos del individuo. A través del uso de dos herramientas de contacto diferentes, una con forma punzante y otra redondeada, el robot golpeó en cada participante del estudio un total de 18 veces con diferentes energías de impacto. Los sujetos involucrados en el experimento se les pidió que clasificaran el grado de dolor en una escala que va desde “sin dolor” a “insoportable”.

De este modo, los ingenieros esperan fabricar robots en el futuro con un sentido claramente definido sobre qué tipos de movimientos e impactos pueden causar diversos grados de dolor en el ser humano. A medida que los robots se vuelvan más ubicuos, es inevitable que van a estar interactuando con humanos más a menudo y más de cerca. Para el estudio, el robot se programó para avanzar hacia un cierto punto en el espacio más allá del brazo humano, empujando al mismo de lado a medida que avanza. La idea de que los robots y las personas trabajen en estrecha proximidad, propiciará que con el tiempo los robots entren en contacto, y es necesario que sean conscientes de su propia fuerza y la tolerancia de los humanos para evitar daños.

La mayoría de los golpes ejecutados por el robot se realizaron de una escala de ligera a moderadamente dolorosa. Y si bien puede parecer una tontería, o incluso simplista gastar miles de euros en una investigación sobre los daños que puede ejercer un autómata, el campo de la interacción humano-robot es bastante complejo en lo que a ingeniería se refiere.
Como prueba de ello, son varios los concursos internacionales con premios en metálico para fomentar este tipo de investigaciones, como la realizada recientemente por la Universidad de Negev en Israel, iniciando una competición para el desarrollo de una mano robótica que sea capaz de realizar un apretón de manos, una tarea que a priori parece sencilla, pero que en realidad es bastante difícil. Si pretendemos que los robots formen parte del futuro en nuestra sociedad, es imprescindible enseñarles como tratar con delicadeza a las personas.
Más información | New Scientist











