-
04ene
Un paso más allá en la telepresencia: el teleaseo
La telepresencia hizo posible que las personas experimentaran la sensación de estar presentes en otro lugar distinto de su verdadera ubicación en tiempo real. Hoy en día, los usuarios pueden tener la capacidad de afectar a la ubicación remota. En este caso, la posición del usuario, movimientos, acciones, voz, etcétera puede ser percibida, transmitida y duplicada en la ubicación a distancia para lograr este efecto. Por lo tanto, la información puede viajar en ambas direcciones entre el usuario y la ubicación remota.
A pesar de las grandes ventajas que ofrece esta tecnología, hay que derribar las barreras que siguen reteniendo su avance más allá del ámbito empresarial. Sin embargo, la creatividad de muchos ingenieros están demostrando como a través de tecnologías relativamente asequibles, es posible conseguir resultados espectaculares que nada envidiarían al de las grandes compañías asiáticas de telerobótica.
En fieras de la ingeniería, hemos querido mostrar el ejemplo del ingeniero de software Taylor Veltrop, quien ha ideado una manera de cepillar a su propio gato de forma remota a través de un avatar robótico, abriendo un nuevo campo que podría significar aplicaciones comerciales hasta ahora no aprovechadas en telepresencia para fines de higiene doméstica.
Manteniendo la seriedad que merece el esfuerzo realizado por Taylor para desarrollar su proyecto, podrás apreciar el resultado inicial en el video que mostramos a continuación, que establece un nuevo campo basado en la telepresencia: el teleaseo. En otras palabras, fue capaz de traducir sus propios movimientos corporales en acción con su avatar robótico, y lo hace con poco más que un par de Wiimotes, un robot Nao de investigación, una pantalla montada en la cabeza (HMD), y una Kinect. Es decir, tecnologías que se pueden conseguir a un costo relativamente bajo.
En la configuración realizada por Taylor, el HMD le proporciona el punto de vista del robot, controlando el cuello y la cabeza de la Nao (si el usuario mueve la cabeza, el robot imita el mismo movimiento). Los Wiimotes se utilizan para el control de cada mano, mientras que el resto de los movimientos corporales del robot, son generados por las señales recogidas por una Kinect. Así que cuando Taylor camina hacia adelante en una cinta, el robot comienza a caminar hacia adelante. Si se vuelve hacia los lados, el robot gira sobre sí en su lugar.
Este tipo de iniciativas personales demuestran la forma más original de hacer realidad la imaginación de un ingeniero, mediante recursos limitados y disponibilidad presupuestaria ajustada. ¿Os imagináis lo que se podría conseguir con los recursos adecuados?. Seguro que muchos de los ingenieros que nos leen estarán pensando en Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.”
Más información | http://taylor.veltrop.com/












Espectacular… muchas gracias por compartir… Yo le agregaria un casco para leer pensamientos basico como adelantea, arriba, abajo, etc.
Tengo entendido q el caso no cuesta mas de 500 dolares. De esa forma no necesitaria la cinta.